La zona no para de renovarse y atraer
adeptos. Como muestra, basta ver los nuevos bares y restaurantes
que son invadidos todos los fines de semana. O las casas que se
reciclan.
Para muchos, Palermo Viejo
es la versión porteña del Village o del Soho neoyorquinos, un
lugar con tinte bohemio, donde lo antiguo convive con lo nuevo;
una curiosa mezcla que va desde el respeto por la arquitectura
de décadas pasadas hasta la búsqueda de la extravagancia.
Parte del fenómeno son, además, los negocios
superespecializados que se multiplican mes a mes. Ofrecen flores
exóticas, CD imposibles de encontrar en los circuitos
habituales, originales artículos de decoración y ropa usada o
nueva, muy fashion.
"Es un lugar muy copado para vivir. Ni muy cheto,
ni muy marginal -sintetiza Marcelo Lupiáñez, encargado de
Miles, una disquería que sólo ofrece música no convencional,
libros y especias-. Es una mezcla de cosa urbana que, a la vez,
te ofrece la vida típica del barrio, algo más tranquilo y con
menos stress. Además, tiene más verde."
Marcelo atiende el local vestido con un look informal:
zapatillas, bermudas claros y remera negra. En 1999, este joven
de 28 años decidió adoptar este barrio como hogar. "Aquí
hay un mayor flujo de población intelectual y de
artistas", dice. Esa es, intuye, una de las razones para
que exista una demanda creciente de música y de objetos de
decoración atípicos.
Sin duda, Palermo Viejo
desarrolló cierta flexibilidad -aunque a veces tienda a la
ruptura- para albergar las costumbres más dispares, en apenas
metros de distancia.
Los travestis continúan con su oficio en la oscuridad de
algunas calles, entre el ir y venir de patrulleros y motos de la
Policía Federal. Unas cuadras más allá, nadie se sorprende al
ver jóvenes que, con desenfado, lucen cuernitos en sus cabezas
-hechos con su propio pelo-, sacos de piel verde o anteojos de
sol rarísimos, aun en plena noche.
Otro tema son los vendedores ambulantes, que ofrecen desde
anillos de plata hasta ranas y arañas de plástico o chicharras
falsas que hacen ruido desde una pequeña caja negra.
Más allá de las rarezas de este barrio, lo cierto es que
las mejoras se notan. El año último, el Gobierno de la Ciudad
arregló la plaza Julio Cortázar (también conocida como
placita Serrano), la iluminó y remozó su aspecto general: eso
contribuyó a que la zona adquiriera más movimiento. De hecho,
allí se abrieron tres nuevos bares sólo en lo que va del año,
y ahora ya suman 12.
La
plaza se convirtió en el centro de la movida nocturna, aunque
ahora apuestan a que también vaya gente durante el día.
"Este lugar se va a ir llenando con más negocios de arte y
se va a generar un movimiento diurno interesante", sostiene
Eugenio Ramírez, miembro de la Sociedad de Fomento Palermo
Viejo.
Ramírez fue un pionero en la zona al instalar, hace 15 años,
el bar El Taller, en una de las calles que bordean la plaza. En
el área no se permite construir a más de 13,5 metros de
altura: "Eso permite una onda más humana; la gente que se
encuentra en la calle se reconoce", opina.
En una época Palermo Viejo
fue bautizado como "Villa Freud", por la cantidad de
psicólogos y psiquiatras que tienen allí su consultorio. Además,
según datos del Centro de Gestión y Participación Nº 14
Este, allí hay más de 200 sedes de organizaciones no
gubernamentales, algo que las autoridades consideran "un récord".
Pero no todo es festejos: algunos vecinos consultados por La
Nación critican el ruido o el exceso de alcohol que a veces
se ve en la zona, sobre todo en la placita, y hasta la venta de porros,
los fines de semana.
¿Cómo está el barrio en materia inmobiliaria? Hace algunos
años era posible encontrar allí una casa o un departamento a
muy buen precio. Pero ahora, eso es cada vez más difícil. Según
Carlos Sáenz, de la inmobiliaria El Estudio, los precios se
mantienen estables y se asemejan a los de Belgrano o Barrio
Norte. Aunque "se nota, otra vez, cierto empuje".
Una tendencia se confirmó: según Sáenz, el barrio es
elegido por gente que proviene de zonas urbanas más densas, que
prefiere las casas bajas, con más aire y árboles, y a la vez
cerca del centro. "Vienen en busca de una mejor calidad de
vida", concluye.