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| MUSICA Y BAILE: TAMBIEN CELEBRARON LA FERIA DE LAS COLECTIVIDADES | ||||||||||||||||||||||||
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Festejos en Palermo por el cumpleaños del barrio
Unos 2.000 vecinos bailaron, cantaron y probaron comidas típicas de 35 regiones · Fue en la placita Cortázar y duró 11 horas · Lo organizó la Sociedad de Fomento de Palermo Viejo MARIANA IGLESIAS |
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La placita Cortázar, en el corazón de Palermo Viejo, ayer se llenó de color, música y danza. Así, el lugar de encuentro de escritores, poetas y artistas, se transformó en una enorme feria por la que unas 2.000 personas bailaron, cantaron y probaron comidas típicas de 35 regiones del mundo. Hace cuatro años que la Sociedad de Fomento de Palermo Viejo organiza la Feria de Colectividades, pero ayer el festejo fue doble. Hace dos semanas la Legislatura porteña declaró al 24 de octubre como el Día del Barrio de Palermo, porque en esa fecha, hace 418 años, se repartieron sus tierras, que después se llamaron "Los terrenos de Palermo". Como había tanto que celebrar, la fiesta de cumpleaños duró 11 horas: empezó unos minutos antes de las 15 y se prolongó hasta casi las dos de la mañana. Mientras los chicos jugaban en los toboganes y las hamacas de la placita, y los perros corrían por todos lados, representantes de 35 comunidades se fueron subiendo por turno al escenario de madera que se había montado en Honduras y Serrano. Hubo de todo: bailes y cantos de collas, diaguitas, mapuches y tobas, un coro de música celta, danzas folklóricas de Galicia, de Lituania, de Bolivia, y el infaltable tango, para no olvidarse de los porteños. Pero los que se llevaron los mayores aplausos fueron los brasileros, que lograron hacer bailar a muchos. Eran sólo ocho, vestidos con pantalón blanco y remeras brillantes verdes y amarillas, pero su música sonaba como si fueran miles. Además, los acompañaron en el baile dos morenas infartantes que no paraban de moverse en sus bikinis fuxias y plateadas. A diferencia de los padres, que no les quitaban los ojos a las brasileras, los chicos se impresionaron más con los dos lanzallamas que, con sus larguísimas trenzas negras y cubiertos con taparrabos, se metían y sacaban de la boca los palos con fuego. "Eso debe ser artificial, porque si no se queman todos por adentro", decía incrédulo Matías Salmona, de 7 años. Elegantísimos como si se tratara de una velada en el teatro Colón, Adela Ruiz (82), y su esposo Antonio (85), no se movían de enfrente del escenario. "Me encanta cualquier música, del lugar que sea. Pero igual debo confesar que lo que más me emociona es el tango, qué le voy a hacer, soy porteña, y además lo he bailado tanto", dijo Adela mirando a Antonio, que "por una vez" opinó distinto a su mujer y aseguró que "los brasileros fueron lo mejor". Delia Jedr (69) había invitado a sus primas Sara (73) y María (60) a compartir juntas la fiesta. "Yo vivo acá a una cuadra y vengo todos los años. Es que es tan lindo, se alegra el barrio, y aunque sea por un día nos olvidamos de los travestis", dijo en voz baja, como para que nadie la escuche. Pero no todo fue bailar y cantar. También había muchas cosas ricas para tomar y comer: sushi (arrollado de arroz) japonés, sernik (tarta de ricota) polaca, pletzalaj (pizzetas de pastrón y pepino) judía, triptela (masa frita) calabresa, keftedakia (albóndigas) griegas, boclawa (hojaldre con nuez) árabe. Y para acompañar, pisco de Chile, o vodka de Alemania. Pero, aunque muchos se animaron a los sabores raros, la mayoría apostó a lo tradicional y eligió las empanadas salteñas (consumieron 600 en dos horas) y cerveza bien helada. Dalila de Simonini (24) y su esposo Luis (31) comían sin culpa un "completo" chileno (un pancho con panceta, chucrut, palta, mayones y mostaza). "No hay problema, vivimos muchos años allí y sabemos que podemos aguantarlo", explicó ella tranquila.
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