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| LA NOCHE | |||||||||||||||||||
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Palermo viejo es una fiesta
Los fines de semana es un show de jóvenes que entran y salen de los ocho bares, el cantobar o la disco que hay alrededor de la plaza Julio Cortázar. Desde recitales hasta festejos de divorciados, hay de todo. VIVIAN URFEIG |
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Aunque ahora está enrejada, la plaza Julio Cortázar sigue siendo un buen punto de encuentro para los vecinos de Palermo Viejo. Ocho bares, una cantina, un cantobar y una disco rodean el tobogán y el arenero que a la tarde copan los más chicos. A la noche cambia el escenario: entre las calles Serrano, Jorge Luis Borges y Honduras las parejitas adolescentes se adueñan del lugar y después de tomarse un café traman sus historias de amor en el sube y baja. En la placita (así se la conoce en el barrio) hay opciones para todos los gustos, bolsillos y edades. Intelectuales que se quedaron en el tiempo, estudiantes y artistas varios encuentran en el corazón de Palermo un lugar tranquilo para escuchar grupos de música o darles un vistazo a las muestras de pintura que cuelgan de las paredes de los bares. A JUGAR. Los más chicos (no menos de 15 y no más de 20) prefieren Tazz Entertainment Bar. Allí se complementan los tragos -la barra es imponente- con las ocho mesas de pool, el metegol y los videojuegos de carreras de autos. Por $5 la consumición mínima los fines de semana y $3 cada partido de pool, los chicos se pasan toda la noche jugando, entre una decoración moderna y brillante. Los tragos tienen otro precio: $6 el margarita y $7 la caipirinha. PRESUPUESTO CERO. La placita también es apta para los gasoleros. Los chicos se encuentran en el quiosco, comparten una cerveza en la vereda y así forman parte de la movida. Sentados entre los autos y mirando la gente pasar... AFINADOS ABSTENERSE. Los que optan por algún festejo, el cantobar República de Acá ofrece paquetes para cumpleaños, despedidas de soltero y... divorcios!, con una única consigna: cuanto más desafinado mejor (mejor para el resto, que se ríe a costa de quien se le animó al micrófono). Entre caricaturas gigantes de Chaplin, John Lennon y Olmedo la fiesta empieza con una ayudita de los animadores, que conseguirán hacia el final de la noche que todos entonen -o lo intenten- canciones latinas. BLA BLA BLA. A la noche la onda intelectual que se vibra al atardecer cambia totalmente: es el tiempo de grupos y parejas que se encuentran para charlar y escuchar música en El Taller (un clásico de la zona), Malasartes (el más nuevo) y Crónico (otro clásico pero con una estampa más rockera). La decoración que manda es bien informal: las paredes son de ladrillos o están empapeladas de pósters de películas. La luz es tenue e invita a la charla. Y en las mesas de madera quedan talladas las huellas de sus visitantes. Macondo, Clorindo, La Angelita y La galera completan el círculo donde la música que más suena es el rock and roll (Los Redondos, Divididos y Los Piojos son los preferidos). Por $3 la gaseosa, en Malasartes se escuchó a Bel Mondo, el grupo de Diego Frenkel, y a Celsa Mel Gowland, la corista de Fito Páez. Si la noche decae siempre queda el recurso de los juegos de mesa que están a disposición en esta antigua zapatería remodelada. El Taller, viejo refugio de psicobolches, tuvo la delicadeza de avisar en su menú la razón por la que se cobra el servicio apenas se apoyan las copas en las mesas: "Facilita la atención y nos da libertad a todos". Aclarados los tantos de ahí en más se pueden ver varios espectáculos a la gorra, recitales y muestras de arte. Un paisaje y una gigantografía con la típica foto de Julio Cortázar fumando completan el panorama. Como en el resto de los bares, existen dos precios: el de los viernes y sábados es más saladito que el de los otros días de la semana. Para comer pizza, la opción es la cantina La Placita, que conserva el ambiente familiar: manteles a cuadros, mesa de fiambres y clima tanguero. Dos cuadras hacia atrás, El Imaginario ofrece un menú a puro arte: exposiciones, recitales y un plato extra: cada tanto Poli y Ska, de Los Redondos, se toman allí unas cervezas. A VER, A VER... Las chicas tienen su noche especial los viernes, en Brujas. Por $12 pueden transpirar al ritmo del show de strippers (aceitaditos y provocativos con sus tangas diminutas). Ellas se ubican en las tribunas y ellos harán lo imposible por levantar la temperatura del lugar al rojo vivo. Después, entran los muchachos y se arma el baile en la pista de la disco. La placita da para todo. Solo es cuestión de recorrerla, elegir una mesa, tomarse un trago y dejar que la noche pase. (Malasartes, Honduras 4999, $1,50 y $3 el café; Tazz, Serrano 1556, $3 la cerveza tirada; El Taller, Serrano 1595, $4,50 el tequila; La Placita, Jorge Luis Borges 1636; El Imaginario, Honduras y Armenia, República de Acá, Serrano 1549)
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