LAS
DOS CARTAS DE UN GOLPISTA
La
historia se repite: la primera vez como tragedia, la segunda como
farsa.
Karl Marx El XVIII Brumario de Luis Bonaparte.
Fiel
a su estilo megalómano, Carlos Menem produjo ayer un golpe
de efecto para calmar su ego maltratado por el creciente repudio que
viene colectando. Poco importa si la carta de renuncia que motorizó,
en copia caricatural de los sucesivos renunciamientos de Evita y de
Perón, lleva su firma o no: está claro que partió
de sus usinas. Y está claro también que atenta contra
la credibilidad, la gobernabilidad y la paz social de los argentinos.
Es la carta de un golpista.
No es la primera muestra de sus intenciones desestabilizadoras de
la democracia. En abril, cuando ya veía venir la noche electoral,
un suboficial enviado por Carlos Saúl Menem recorrió
las distintas unidades del Ejército llevando una carta del
ex presidente a jefes y subjefes de las distintas unidades a los que
se dirigía con el apelativo castrense de Camarada.
Allí les recordaba a los oficiales en actividad que había
firmado los indultos, no sólo para cerrar un ciclo de
desencuentros sino para restituirles a nuestras Fuerzas
Armadas la respetabilidad de la que habían sido despojadas
por intereses mezquinos, para devolverles el lugar que
merecen en la historia patria. Luego, orillando el ridículo,
afirmaba: Así con orgullo sereno y seguro de que
me luciría ante el mundo con mis argentinos de armas
ordené la partida de elementos de nuestra flota de mar hacia
uno de los conflictos más calientes del planeta. Tormenta del
Desierto fue el primer hito (...) Argentina encabezó el desfile
de tropas del mundo libre que participaron en el conflicto.
Pero el mensaje no se limita al pasado, insinúa negros nubarrones
para el futuro: Es menester repensar la defensa en función
de la seguridad continental, en las que habrá que atender novedosas
formas de agresión. Pienso, también, en
liderar una Iniciativa de Defensa y Seguridad Regional, colocando
a nuestra Nación a la cabeza de la toma de decisiones en el
subcontinente. (Una clara afirmación de que se propone
enviar soldados argentinos a Colombia o donde haga falta, a dar la
vida por el Comando Sur.) Y lo haremos a pesar de que hoy la
Argentina se debate en la peor crisis de su historia. Porque luego
de una década de prosperidad e inserción en el Mundo
(con mayúsculas en el original), la mala administración
de los recursos del Estado por parte de funcionarios corruptos e incapaces
en algunos casos, e ideológicamente vindicativos en otros,
nos ha llevado a una situación límite, únicamente
reversible con desprendimiento, coraje y amor a la Patria. Tales son
las virtudes que califican la hombría de bien del soldado.
Y luego, la solemne apelación: Señores: Ustedes
elegirán no sólo un presidente. Elegirán un Comandante
en Jefe. Por eso quiero reafirmarles mi compromiso de siempre y hacerles
saber aunque es público y notorio que haber sido
vuestro camarada durante mis años de gobierno, constituyó
para mí un altísimo honor. Con todo mi afecto y admiración.
Carlos Saúl Menem.
Una copia de la carta a los camaradas le fue entregada
a este cronista por un oficial del Ejército que profesa la
fe democrática, cree en la necesidad de reconstruir el Estado
ausente y cuestiona el modelo neoliberal. Un oficial, en suma, que
se niega a integrar un ejército represor del conflicto social.
Otras fuentes añadieron datos que el oficial desconocía:
que esta carta, donde se defiende la infamia de los indultos y se
ofrecen garantías tácitas de protección para
los escasos militares en actividad que buscan la impunidad a través
de la ley de obediencia debida, habría sido redactada en
equitativas mitades por el coronel retirado Jorge Norberto Igounet
(uno de los segundos de Hugo Anzorreguy en la SIDE menemista) y por
Vicente Massot, capo de la La nueva provincia de Bahía Blanca,
diario también conocido como La gaceta marinera
por sus nexos con la Armada.
Por si esto no bastara, el hombre que ayer intentó recrear
(con cifras minimalistas) el Cabildo Abierto de Eva Perón,
anunció que Néstor Kirchner no duraría mucho
tiempo en el gobierno si ganaba.
Como los gerentes que lo mandan, como la mafia gangsteril de Miami
con la que está política y económicamente ligado,
Carlos Menem apuesta en el ocaso de su carrera a las actitudes protogolpistas
que socavan la democracia.
No evitará que la ciudadanía lo envíe (con o
sin comparecencia suya) al geriátrico de los políticos
que ya fueron.