por Susana Casabé
julio 2004

DE VACACIONES DE INVIERNO
o variaciones entro lo público y lo privado
Susana Casabé

Son sólo 15 días. Iguales y diferentes. Hacemos lo mismo que siempre, pero con "culpa", o no, pero "también con culpa". Salimos, hacemos colas, nos pegoteamos, damos vueltas para ubicar el auto en un Centro absolutamente copado por menores. Ellos nos preguntan por qué, si son vacaciones, nosotros no estamos todo el día en casa, o no salimos de viaje. Ellos, por sus preguntas que nos dejan sin sueño, parece que no estuvieran metidos en la vorágine del sistema, pero lo están…

Es sábado, cinco de la tarde, las escaleras del Centro Cultural Gral. San Martín son la improvisada grada de una larga fila de padres, tíos, hijos, sobrinos, amigos y ahijados. Los chicos corren por ahí en los amplios espacios, intercambian risas y caramelos traídos en bolsita desde casa. Por fin se abren las puertas y de forma increíblemente ordenada todos subimos. Entramos a la Sala, enorme, con sillones de cuero. Hay lugar para todos, hay lugar para un excepcional espectáculo que tendrá justamente lugar en el despojado escenario. No hacen falta más que una butaca, un micrófono, un muñecote sin nombre -apenas "el flaco"- para que la magia envuelva el ambiente y ya estemos todos parados, cantando, bailando, saltando. La música es nueva para todos. No ha tenido difusión masiva. No se ha convertido en un "producto cultural", o mejor dicho en un "producto de la industria cultural". Es un producto artesanal y bien cultural. Del bueno, con voz cristalina y un sonido merecedor, con ritmos locales y letras convocantes.

Es domingo y llueve. El ánimo tira a siesta peeeeroooo… ¡estamos de vacaciones de invierno! Y un leve impulso nos indica que los días son iguales pero diferentes. Ahí, en el Shopping de turno están "esperando a los chicos" los personajes de tal o cual canal de cable, el mismo que los encanta cual serpiente de 0 a 24. Y vamos, después de todo de carne -aunque no de hamburguesa- somos y no está mal un poco de bullicio, consumo y cancioncitas repetidas. Llegamos al espacio, reducidísimo, que el concesionario destinó para las actividades infantiles. Imaginamos que, una iniciativa privada de tal envergadura proveniente de un Canal de origen extranjero, tendrá una organización prolija como para que todos los niños, de todos los tamaños puedan acercarse y tomar de la pezuña a su personaje favorito. No es así. En el espacio reducidísimo se apelotonan los pequeños y sus tutores, acercando cochecitos, apretando fuerte las manos para no perderse en un ámbito "tan propenso a la inseguridad". ¿Qué nos ofrecen? Veremos, veremos. O mejor dicho miramos, esperamos. Ellos no llegan aún pero mientras tantooooo, podés pintar -al igual que en casa pero con dibujitos preformados bajados del sitio de internet correspondiente- y compartir cuatro o cinco crayones por mesa, si es que encontrás una sillita disponible, o lo peor dos en la misma mesa, teniendo en cuenta que las familias argentinas son bastante tipo. También podésssssss ¡sí, ver tu programa de TV favorito en una pantallita así, sentadito sin moverse junto a otros niños que, como vos, ya vieron ese capítulo unas dieciocho veces la última semana! No esperamos mucho más, es demasiado, nos vamos.

Ahí está, lo público y lo privado. Lo que muchas veces ha sido denostado pero que existe como el sur y en buenahora. Lo que muchas veces ha sido ensalzado y que muchas veces "está privado de sentido". Las vacaciones de invierno son días iguales a los otros. Pero pueden ser diferentes.

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