por Kike Maldonado,
vecino que no quiere ser loro ni perro

junio 2003
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MORIR DE AUTOCOMPLACENCIA ES LO PEOR QUE PUEDE PASARLE A UNA DEMOCRACIA.


Un loro nunca da un paso en falso. Usted verá que siempre un loro, antes de pasar de una rama a otra, estirará su pata derecha con mucho cuidado hasta asentarla firmemente en su nuevo sostén. Todo lo contrario del perro que, ante un entusiasmo, se acelera de inmediato y al final
no sabe para dónde va ni para qué.

Se dice que los hombres latinoamericanos son como los loros. Por ejemplo,nunca abandonan a su pareja hasta no tener una pata en la siguiente. Y la maniobra la harán cuidadosamente ya que no les gusta estar solos ni un segundo. Las mujeres, por el contrario, cuando deciden abandonar a sus compañeros, actuarán más bien como los perros, vehementes y apasionadas,apostando inmediatamente al todo o nada.
Cuando toman la decisión será sin pensar en la soledad ni en el desquiciamiento que su actitud podría acarrearles. Lo descrito, indudablemente, no pretende ser una generalización sexista, aunque lo parezca, ya que también hay hombres perros y mujeres loros.

¿Qué comportamiento será más sano cuando se trasladan a la esfera del Estado?
Veamos. El vertiginoso perro, cuando se le pone una idea fija que lo entusiasma y lo identifica, puede correr hacia una autodestrucción complaciente que sólo descubrirá en el momento del desastre. Se sentirá eufórico en el vértigo de estar haciendo algo y lo hará sin escuchar a los demás, pensando en qué bien loestá haciendo. El problema es que a veces ese placer está basado en supuestos falsos que se inventa para poder disfrutar de su imagen en la laguna antes que nadie le diga nada y saltarse así el dolor de la crítica.
El perro, en su avasalladora carrera no tendrá tiempo de traicionar conscientemente, aunque pueda destruir un jardín completo jugando a ser dinámico y vital.
Transgredirá, violará o forzará reglas olímpicamente con tal de meterse rápido en el camino fácil de pensar que está en la carrera correcta, basado principalmente en sus emociones.
Ceguera animal
El loro, por su parte, traicionará conscientemente para buscar la seguridad a toda costa, pensando que ya tiene un recambio para lo que está abandonando. Es un calculador profesional y, si bien, su mecanismo es inverso al del perro, su fin será el mismo: la ceguera autocomplaciente.

El sentido trágico de América Latina la hace meterse una y otra vez en una inocente autocomplacencia proveniente de un espíritu, sea de origen loresco o perruno, que asola a su gente que vive bombardeada de utopías del tercer milenio (puede ser ésta la utopía de la antiutopía), mientras sus calles siguen llenas de mendigos, hollín y depresión manejados por perros y loros que se miran de reojo.
Por autocomplacencia, por ejemplo, se debilitó la Revolución Cubana, gran esperanza de los 60. Así murieron también casi todas las experiencias de izquierda como el sandinismo, el allendismo y otras.
Por autocomplacencia murieron las dictaduras de los 70. Por autocomplacencia ha comenzado a morir ya el liberalismo a ultranza de las nuevas economías latinoamericanas.
Ojalá que, por lo mismo, no se mueran las democracias.
Casi un 50% de los latinoamericanos dicen que no les importaría volver a tener gobiernos autoritarios (en Chile un 42%), según la última medición del latinobarómetro. Perros acezantes y loros calculadores han puesto la democracia en peligro una vez más.

Las autoridades de todo tipo de estos países debieran ya saber que no reconocer los propios errores a tiempo las llevará necesariamente al debilitamiento por autocomplacencia. Corren el peligro de morir por indiferencia de sus gobernados.

Morir de autocomplacencia es lo peor que puede pasarle a una democracia. Porque este tipo de enfermedad tiene convalecencias muy largas y desemboca, muchas veces, en diversos tipos de fundamentalismos.

Desafortunadamente, en un mundo que se muestra lleno de grandes adelantos en las comunicaciones y en el transporte, y en todo tipo de transferencias, se ve con impotencia la lentitud con que las mentes se adaptan al presente, y no hay voluntad, ni creatividad ni tolerancia suficientes para tratar los nuevos problemas. Y los gobiernos por razones siempre especulativas sobre lo culturalmente correcto no logran realizar reformas sustantivas a las cabezas del personal.

Crece el discurso sobre la justicia, la probidad y la igualdad paralelamente con el crecimiento de la corrupción, el abuso y la descalificación del más débil. Argentina come en estos días la basura de sus propios demócratas. En Chile, después de varios años de espera en la transición, se escuchan otra vez fuertes reivindicaciones que no traerán días tranquilos. Y así, varios países de la zona. Los oídos de los gobernantes no parecen estar lo suficientemente limpios.
La asfixia por autocomplacencia se cierne sobre América Latina porque, a pesar de ciertos cambios de mentalidades en algunos estamentos, aun no logramos salir de la sordera de los leones del Olimpo. Faltan oídos, ojos que vean más allá de lo abstracto, narices que huelan más allá de las próximas elecciones. En fin, mentes fuertes que no se dejen llevar por la loca carrera de un perro irreflexivo ni tampoco por los pasos previsibles de un loro frío y asegurado.


"No hay nada repartido más equitativamente en el mundo que la razón: todos están convencidos de tener suficiente"/ René Descartes

Un abrazo; Kike Maldonado

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