LAS ANTENAS DE TELÉFONOS CELULARES

Estamos levantando firmas para impedir la instalación de antenas de teléfonos celulares en Palermo Viejo y en toda la ciudad de Buenos Aires, hasta tanto no se establezcan normativas para su instalación y se estudie y difunda su repercusión en la salud de la población. Enterate de los riesgos a los que nos exponemos a través de este artículo aparecido en "Crónicas de una ciudad Abierta" de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

junio 2000

 

ADOPTAR EL PRINCIPIO PRECAUTORIO
por Antonio Elio Brailovsky *

Debido a la globalización, hoy las nuevas tecnologías se introducen simultáneamente en todo el mundo. Este hecho ha cambiado la relación de nuestras sociedades con las diferentes fuentes de contaminación. Hasta hace muy poco tiempo, aquellos productos químicos que generaban conflictos sanitarios o ambientales en las naciones desarrolladas eran prohibidos o exportados rápidamente al Tercer Mundo. Así ocurrió, por ejemplo, con los defoliantes de Vietnam, con la planta de aluminio de Puerto Madryn y con los pediculicidas que emplean DDT y lindano.
Pero en esta oportunidad el incesante avance de la ciencia ha posibilitado que las antenas de telefonía celular lleguen simultáneamente a las azoteas de todo el planeta. Y la gente se pregunta: ¿ Cómo saben las empresas que esas torres de transmisión no son perjudiciales para la salud?
La realidad es que lo ignoran. Las compañías apuestan a que se demuestre la inconsistencia de las investigaciones efectuadas por reputados científicos, quienes detectaron un fuerte aumento de los casos de leucemia infantil y de otros tipos de cáncer entre aquellos individuos que habitan en viviendas próximas a los sitios donde se han instalado estas antenas.
Pero los estudios existen y sus resultados son inquietantes. La contaminación electromagnética es una de las formas menos conocidas de polución, y se cree que altera los impulsos eléctricos que utilizan nuestras células para comunicarse, lo que podría provocar un desarrollo celular desordenado, es decir, un tumor.
Por ello, la OMS recomendó a los gobiernos que retiren las antenas de las áreas pobladas. sin embargo la organización aún no brindó un dictamen definitivo, el que, según trascendidos, significaría una durísima condena a esta tecnología.
Los expertos argumentan que todavía no resultaron afectadas suficientes personas como para producir una estadística confiable. Pero el retraso también obedece a las fuertes presiones ejercidas por el Pentágono y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ya que el cuestionamiento no sólo concierne a estas antenas sino también a las usadas para las comunicaciones militares.
Mientras tanto, las empresas corren en todo el mundo una afiebrada carrera para crear hechos consumados, repartiendo dinero para emplazar antenas antes que los gobiernos fijen normas restrictivas. ante la incertidumbre, solamente caben dos actitudes: aceptar esos billetes y rezar para que los investigadores estén equivocados, o adoptar el principio precautorio hasta que se demuestre la inocuidad de las radiaciones despedidas por las estructuras transmisoras. En este sentido, son cada vez más los municipios que están ordenando el retiro de las antenas del ejido urbano. Buenos Aires, como es costumbre, no parece haberse dado cuenta.

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Defensor Adjunto del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires

 

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