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ADOPTAR
EL PRINCIPIO PRECAUTORIO
por Antonio Elio Brailovsky *
Debido a la globalización, hoy las nuevas tecnologías se introducen
simultáneamente en todo el mundo. Este hecho ha cambiado la relación
de nuestras sociedades con las diferentes fuentes de contaminación.
Hasta hace muy poco tiempo, aquellos productos químicos que generaban
conflictos sanitarios o ambientales en las naciones desarrolladas
eran prohibidos o exportados rápidamente al Tercer Mundo. Así ocurrió,
por ejemplo, con los defoliantes de Vietnam, con la planta de aluminio
de Puerto Madryn y con los pediculicidas que emplean DDT y lindano.
Pero en esta oportunidad el incesante avance de la ciencia ha posibilitado
que las antenas de telefonía celular lleguen simultáneamente a las
azoteas de todo el planeta. Y la gente se pregunta: ¿ Cómo saben las
empresas que esas torres de transmisión no son perjudiciales para
la salud?
La realidad es que lo ignoran. Las compañías apuestan a que se demuestre
la inconsistencia de las investigaciones efectuadas por reputados
científicos, quienes detectaron un fuerte aumento de los casos de
leucemia infantil y de otros tipos de cáncer entre aquellos individuos
que habitan en viviendas próximas a los sitios donde se han instalado
estas antenas.
Pero los estudios existen y sus resultados son inquietantes. La contaminación
electromagnética es una de las formas menos conocidas de polución,
y se cree que altera los impulsos eléctricos que utilizan nuestras
células para comunicarse, lo que podría provocar un desarrollo celular
desordenado, es decir, un tumor.
Por ello, la OMS recomendó a los gobiernos que retiren las antenas
de las áreas pobladas. sin embargo la organización aún no brindó un
dictamen definitivo, el que, según trascendidos, significaría una
durísima condena a esta tecnología.
Los expertos argumentan que todavía no resultaron afectadas suficientes
personas como para producir una estadística confiable. Pero el retraso
también obedece a las fuertes presiones ejercidas por el Pentágono
y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ya que el cuestionamiento
no sólo concierne a estas antenas sino también a las usadas para las
comunicaciones militares.
Mientras tanto, las empresas corren en todo el mundo una afiebrada
carrera para crear hechos consumados, repartiendo dinero para emplazar
antenas antes que los gobiernos fijen normas restrictivas. ante la
incertidumbre, solamente caben dos actitudes: aceptar esos billetes
y rezar para que los investigadores estén equivocados, o adoptar el
principio precautorio hasta que se demuestre la inocuidad de las radiaciones
despedidas por las estructuras transmisoras. En este sentido, son
cada vez más los municipios que están ordenando el retiro de las antenas
del ejido urbano. Buenos Aires, como es costumbre, no parece haberse
dado cuenta.
* Defensor Adjunto
del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires |