CAMBIOS EN EL BARRIO

por el vecino Carlos Bohorquez
septiembre 2001

Palermo Viejo está sufriendo un proceso vertiginoso de cambio. Todos los días comienza alguna nueva obra para transformar una vivienda en un local comercial. Esto se acompaña frecuentemente de un trato desaprensivo al estilo arquitectónico tradicional del barrio y a sus modos de convivencia.

La fisonomía barrial
Palermo Viejo, inicialmente un barrio obrero, se ha transformado en los últimos años en un barrio de moda, atrayendo inclusive turismo internacional.
Un cambio tan vertiginoso -300 comercios en 3 años!- librado tan sólo a las fuerzas del mercado, entraña peligros ciertos, tanto para los vecinos de la zona como para los nuevos comerciantes que se establecen en ella.
El barrio fue tradicionalmente una zona de casa bajas, con calles arboladas y tranquilas, en donde transcurría la actividad de los vecinos que se conocían por sus nombres. El tránsito por sus calles era como un remanso en la vorágine del resto de la ciudad.
El estilo arquitectónico era uniforme y sobrio. Luego, aún antes de los cambios de estos últimos años, se realizaron reciclados de muchas viviendas, no todos felices, que algunos miembros de la profesión arquitectónica calificaron como de estilo "palermodernista".
Estos reciclados respetaron habitualmente los frentes originales y aún cuando quizás no hayan aportado confort a sus habitantes, le dieron al barrio una cierta sofisticación y un aire de bohemia que atrajo a una población de artistas, intelectuales y gente común, que buscaba un lugar tranquilo para vivir.

La metamorfosis
Hace un par de años desembarcaron en el barrio los primeros pioneros de una onda nueva. Muchos reciclaron los interiores de las viviendas para transformarlas en locales comerciales -y con gran lucidez- dejaron intacto los frentes, entendiendo que el frente de un inmueble -y más aún si tiene algún interés arquitectónico-, es un patrimonio del que no eran dueños exclusivos.
Otros, en su afán de destacar su local del entorno, hicieron cambios "modernistas" que privaron al barrio de frentes interesantes que se perdieron para siempre. No se entendió que el atractivo del inmueble era justamete su armonía con las viviendas circundantes y que sus modificaciones, lejos de aportarle valor a la propiedad la hacía similar a otras que podían encontrarse en otros barrios menos caracterizados. Si estos reformadores, aún sin pensar en "el patrimonio cultural del barrio" hubieran pensado solamente en sus propios intereses, habrían dejado los frentes originales.
Los reglamentos
Palermo Viejo está protegido por una reglamentación municipal que impide la construcción de futuros edificios de altura. Lo que no está delimitada es la destrucción de sus frentes.
El nuevo rumbo que está tomando el barrio, con tantos edificios comerciales que no son de vivienda permanente, con la contaminación sonora que algunos producen, con la concurrencia masiva que sufren algunos entornos durante la noche o los fines de semana, implica un cambio en los modos de relacionearse de sus habitantes cuyas consecuencias a largo plazo no se puedn prever.
A los comerciantes actuales y futuros
¡ 100 nuevos locales en los últimos 8 meses! ARDE PALERMO tituló Clarin en febrero.
No quermos ser agoreros. No mencionaremos la palabra "moda". Asumiremos por un momento que esto es una tendencia definitiva, que es un fenómeno genuino, basado en los atractivos del barrio.
Usted puede dibujar una gallina. Luego le borra la cabeza y le pone cabeza de gato. Sigue siendo una gallina. Luego le cambia la cola. Si sigue con los cambios, va a llegar un momento en que ya no sea más una gallina. No sé si me entiende.
¿ Cuántos locales más tolerará Palermo Viejo antes de no ser más Palermo Viejo?
¿ 100 locales más? ¿ 300 más? ¿ Cuántos?. No lo sabemos, pero en algún punto está el límite. Si se excede ese punto, el perjuicio no será sólo para los vecinos -muchos de los cuales ya están pensando en cómo pasarse a las habitaciones del fondo y poner algún local en las del frente-, será también para los comerciantes ya establecidos..
Carlos Bohorquez

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