LENGUA: “análisis sintac…to”

A la escuela iba siempre mi mamá. Casi le rezaba a mis maestras por todo lo que ella hacía por mí y a pesar de eso no tenía arreglo, y que si tenía que retarme lo hiciera sin miramientos. Como estoy llegando a un punto de senectud en el que empiezo a decir “en mi época”, voy a obviar este hecho. Mis maestros me pegaban, no solo a mí claro, pero yo era travieso. Si me caía cuando mi mamá venía y me veía con un ojo negro del golpe o rengo, además de recriminarme cual idishe mamme, ligaba yo un par de tirones de pelo nerviosos por lo que me podía haber pasado y se disculpaba con la maestra por mi conducta.
Cuando perdía algún útil, lo que hacíamos todos los chicos, excepto Sergio que era un “cuidadosito” desde primer grado, pero cuando pasaba, además del alegato sobre los sacrificios de mi padre como trabajador, ni se le ocurría hablar con la maestra, más bien sostenía una charla con mis nalgas usando su mano en vez de la boca.
Hablaba con el director o directora siempre y cuando fuera llamada por éste. Y al Consejo iba exclusivamente cuando nos dábamos vacunas, porque se hacía allí.
Los contenidos áulicos eran incuestionables. En mi casa jamás se habló mal de mis maestras. Mis padres como los de mis compañeros legitimaban el trabajo, la vocación y las conductas de mis maestros.
No doy un crédito a aquellos maestros que hacían lo que se esperaba de ellos, aunque fuera de dudosa pedagogía. Se los doy a esos padres, a los míos que tenían en claro que la escuela estaba allí para mí. Igual que está ahora para los miles de hijos de padres que no son como los míos.
No voy a detallar lo que nos pasa a todos con casi todos los padres que nos vienen a romper soberanamente las pelotas y a los que habría que responderle todos los días cuando se quejan de que su hijo perdió el lápiz, la goma, etc.: “viste qué boludo” o que cambie de oficio porque el nene es un “reverendo hijo de puta”.
Porque esos padres con los que todos los días hablás para contenerlos porque, pobres, igual que a los nenes les falta de todo (y sos capaz de venir a clase aunque estés con fiebre o tu propio hijo te necesita) cuando los encuestan sobre nosotros contestan que “faltamos demasiado”, “que no atendemos bien a sus hijos” (uno entre 40), o que “hacemos demasiados paros y que si no nos gusta lo que ganamos que cambiemos de oficio, como ellos” (todo es textual). Mientras les limpiamos los mocos, les damos auxilio, limpiamos heridas, ponemos hielo, limpiamos colas con caca, encubrimos suciedades y nos contagiamos piojos, gripes, hepatitis y cuanto haya dando vuelta en la escuela.
Por eso, cuidado mis colegas, cuidado cuando pensamos en qué van a decir los papis si no aprenden bien los nenes, si faltamos por atender a nuestros hijos o protestamos por el sueldo.
Si todavía no hiciste nada de eso, dejate de joder, de vos contestaron lo mismo.

Daniel Asprela

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