AH, LOS SUEÑOS!

Vi a los sueños abusarse, violadores de mi alma, penetrando mi emoción, enquistándose más acá, en mi cuerpo, hasta que solo pude depender de ellos
esclavizado por sus designios.
Me hirieron constantemente, me dieron el anhelo pero no la facultad para predecir los caminos que me hiciesen alcanzarlos.
Se mostraban veedores insolentes, me empujaban a la codicia de la concreción y se escondían detrás de mi propia incapacidad para tornarlos visibles.
Cada vez más arriesgados, cada vez más cerca, pero nunca al alcance de mis manos.
Eran como gnomos, con sus trucos de "aparezco y desaparezco". Y peor aún.
Más me valiera no tratar de ignorarlos porque entonces sí, eran capaces de aplicarme la cuota constante de deseo hasta enloquecerme.
Y así fue, un buen día llegó la alienación por ellos, por dolor y alegría.
Entonces me convertí en su Dios (en el mío), extendí mis manos y los atrapé sin darles tiempo a su acto de desaparición.
Por un tiempo los cuidé, los alimenté, los acaricié a toda hora. Un día, inexacto, los maté.
Sí, sí, los ahogué, los descuarticé, pisoteé sus pedazos y los arrojé a un basural.
Otro día, porque sí, porque los extrañaba, los resucité. Sí, sí, los dejé hacer trucos, volví a mimarlos y a acunarlos hasta que decidí volver a matarlos, también porque sí.
Es que si bien no puedo vivir sin ellos, a veces me hacen sufrir demasiado, no los aguanto como son, así, así como se me presentan.
Y bueno, acá estoy. abriendo los ojos al día, para ver si el sol es bueno. Parece que sí.
Hoy me toca resucitarlos.

Antonine Fox

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