Ocho días en Cusco - II
por La Maga

BARRIO "SAN BLAS"
Su nombre quechua era "Toqocachi" que significa cueva de la Sal.

..."queda acá nomás, a cuatro cuadras de la Plaza de Armas..." me escribieron en el mail que me habían enviado desde el hotel. Claro que esas cuatro cuadras son interminablemente largas y serpenteadas, la subida bastante empinada, con callecitas y veredas muy angostas y pavimentadas. De todos modos, fue un acierto haberme alojado ahí. Es un barrio mágico, plagado de rincones fascinantes, que presenta una maravillosa mixtura entre la arquitectura colonial y ciertos rasgos incas que perduran. Desde ahí arriba la vista de la ciudad es imperdible. Sentarse en esas escalinatas por las noches y dejar correr el tiempo sin ningún apuro, es un espectáculo que ni la mejor película con la más alta tecnología te puede brindar. Literalmente, me hipnotizó.

Aclaración p/los fanáticos de la fotografía:
si las fotos no parecen muy nítidas es porque no sé qué le pasó a mi máquina que solamente podía sacar "en automático" ... pero bue... es lo que hay.

 
 
 
             
 
 
 


Parece que el Inca Pachakuteq (el gran arquitecto de la mayoría de los monumentos cusqueños), destinó este lugar para los "mitimaes", peregrinos que llegaban de diversos lugares del Imperio y que tenían por misión "compartir". Aquí se alojaban los artesanos y artistas de todas las especialidades y el Incanato los mantenía, proveyéndoles de todo lo esencial para su subsistencia. El lema era "comparte todo lo que conoces y aprende todo lo que no sabes". Todo ésto era cuando San Blas no era San Blas y aún no se conocían vírgenes, niños manuelitos ni los angelitos que hoy en día pululan por todas partes. Hay que decir igual, que desde entonces y aún después de la llegada de los españoles que mestizaron las edificaciones, la consigna se mantiene. Está lleno de talleres, aulas, tiendas y exposiciones de arte y artesanías (claro, la diferencia está en que ahora ya nada es gratuito).
Los más destacados: el Museo de Hilario Mendivil, el Taller de Antonio Olave y de Santiago Rojas.

 
 
 

 

La Iglesia de San Blas la primera que se construyó en el Cusco (de 1563), está en el centro del barrio y está bordeada por la plazoleta del mismo nombre. Aquí se reúne todo el mundo y se realizan exposiciones y recitales los fines de semana (yo no pude presenciarlo porque el sábado y domingo me fui a recorrer el Valle Sagrado (más adelante les cuento).
Ah... y la Parroquia tiene un púlpito espectacular que está considerado como lo máximo del tallado en madera de ese período colonial (en el link que puse hay mayores detalles). Dicen que fue obra del inca Tomas Tuyro Tupac.

 
 
 

Lo que más me gustó fue la edificación y las casas de adobe, esa mixtura tan especial que se dá entre las dos culturas que habitaron el lugar. Caminé el barrio de arriba a abajo muchas veces, deleitándome ante sus puertas, balcones y ventanas. Casitas coloniales algo sombrías, pequeñas, la mayoría sin reciclado, con pisos de cemento opaco o madera crujiente, construídas sobre muros inkas. Todas con techos de tejas, aún las más modestas.

 
 
 
             
 
 
 

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